viernes, 4 de marzo de 2011

atardeceres de sus mil inviernos

con toda la calma, se encuentran sus pupilas;
sumergido en los grandes mares;

saltando los charcos con sangre en la nariz,

notas el tren perdido?,
el que solías tomar sobre aquella brisa clara que no desaparece,
con el sol resplandeciente, que llega a desaparecer en el mar,
y los cuentos mueren, y los cuentos renacen,
nada llega ser tarde,
aunque cierres los ojos, y no encuentres las nubes,
vida, vendría siendo lo único que te sucede,

con tanta calma, sol resplandeciente,
saltando en charcos con sangre en la nariz,

suelto entre montón de heno,
suelto, y en realidad eres tú, gozando de tu tiempo…

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